Gobierno de Santa Fe

Las corridas de toros del 30 de septiembre, día de San Jerónimo

En el libro “Juegos y diversiones públicas”, Agustín Zapata Gollan relata: 

 
“En Santa Fe se acostumbró desde los primeros años, celebrar el día de San Jerónimo, patrono de la ciudad, con una fiesta de toros y de cañas.
Días antes de la fecha señalada, el Cabildo ordena la fabricación de puyaso o púas de hierro. Es esta la única referencia. Sin embargo, esa escueta información relacionada con la fabricación de púas, nos permite deducir algunos aspectos de la forma en que se llevaban a cabo esas fiestas. 


Si las corridas se hubiesen desarrollado en un ambiente cerrado, el Cabildo al disponer que los herreros construyeran las púas de hierra, hubiera mandado también que los carpinteros construyeran las talanqueras o armazones de tablas con que se formaban las barreras, detrás de las cuales el pueblo asistía al espectáculo, entraba un defensa contra la posible embestida del “toraje” hostigado y embravecido. 


Las corridas no podían hacerse en el caserío, formado por ranchos de paja y algunas viviendas de tapia a lo largo de las calles polvorientas marcadas por las profundas huellas de las pesadas carretas de macizas ruedas de algarrobo y flanqueadas de zanjas y cercos vivos de tunas y enredaderas silvestres, sino a campo abierto, quizás en las tierras del ejido hasta que los toros, tenazmente perseguidos por la jauría, clavadas en el cuerpo ensangrentado las púas arrojadas a manera de venablos por los hombres de a pie, o las enastadas en rejones con que herían los jinetes, entre el ladrido de la perrada y el bramar de los toros enfurecidos, caían heridos de muerte como víctimas propiciatorias de un antiguo rito pagano”